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La culpa (NO) es del arquitecto

27 sept
7 min de lectura

En las películas, se suele considerar al arquitecto como un genio que dibuja un boceto maravilloso en la servilleta de un bar y, como por arte de magia, el edificio parece levantarse solo. Mentira. Para que un edificio sea excepcional, hacen falta dos cosas al 50%: un buen arquitecto y, sobre todo, un buen cliente.


Pero, ¿ Qué demonios es un "Buen Cliente" para un arquitecto?


A. El buen cliente trae PROBLEMAS al estudio, no SOLUCIONES (El síndrome de Pinterest)

  • Un mal cliente llega al estudio de arquitectura con un recorte de revista (o un tablero de Pinterest) y te dice: "Quiero esta ventana aquí, de este color, al lado de esta silla y de una estantería". Un buen cliente, por el contrario, te dice: "Me gusta leer por las mañanas sintiendo que estoy en un espacio luminoso, como si estuviera en el exterior, pero sin pasar frío".

  • Si vas al cirujano con dolor de apéndice, no le dices qué bisturí tiene que usar ni por dónde cortar, ¿verdad? Le dices dónde te duele y le dejas operar. En arquitectura debería pasar lo mismo: el cliente debe definir sus necesidades, sus miedos y sus deseos, pero debe dejar que el arquitecto tome la decisión espacial de cómo resolverlo.


B. El salto de fe (La Confianza)

  • Contratar a un arquitecto es un acto de fe. Un buen cliente entiende que el profesional ve cosas (volúmenes, luz, proporciones) que en un papel o pantalla no se van a poder ver jamás.

  • Es el cliente que, cuando le propones una idea que le rompe los esquemas, en lugar de decir "No, yo quiero lo de siempre", dice: "Me da vértigo, no lo acabo de ver, pero si tú crees que es la mejor decisión, adelante". El buen cliente es VALIENTE.


C. Sinceridad radical con el dinero (Nada de jugar al póker)

  • Las decisiones arquitectónicas cuestan dinero. Un buen cliente pone las cartas sobre la mesa desde el primer momento. No oculta presupuesto por miedo a que el arquitecto se lo gaste todo, y no pide imposibles como si estuviéramos en rebajas.

  • Querer el Museo Guggenheim con el presupuesto de reformar el baño de casa de tu abuela solo lleva a decisiones terribles y a chapuzas.


D. Sabe tomar decisiones (y no se arrepiente al día siguiente)

  • Una obra es una cadena de miles de decisiones. Un buen cliente medita las cosas, pero una vez que dice "adelante con este material", no llama al arquitecto un mes después, con el muro ya construido, porque su cuñado le ha dicho en una cena que el ladrillo visto ya no se lleva.


El Castillo de Olite



La vida de este castillo ha tenido dos clientes y por ende dos usuarios muy diferentes.


1. El punto de partida: El capricho de un nuevo rico (El Castillo Original) Para entender la restauración, hay que entender qué era el castillo. El Palacio Real de Olite no se diseñó como un castillo defensivo al uso; fue un capricho puro y duro, un edificio para hacer alarde de poder.


  • Arquitecto/Promotor: Lo mandó construir Carlos III el Noble entre los siglos XIV y XV. Carlos III tenía dinero, y no poco. Además, tenía un gusto "afrancesado" enorme.

  • El lujo absurdo: Fue uno de los palacios más lujosos de Europa en su época. Tenía jardines colgantes a 20 metros de altura. Para que el suelo no se hundiera por el peso de la tierra y los macetones, tuvieron que construir una enorme sala subterránea de arcos solo para aguantar el peso (la actual Sala de los Murciélagos).

  • El zoo: Tenían leones, una jirafa, camellos y hasta un sistema de tuberías de plomo para el riego. Una barbaridad para la época. Desde el punto de vista de la excentricidad, podríamos definir el castillo original de Olite como Las Vegas de la Edad Media.


2. La destrucción (1813) El dato curioso es que el castillo no se arruinó por el paso del tiempo. Lo quemaron a propósito.

  • Durante la Guerra de la Independencia (1813), el guerrillero navarro Francisco Espoz y Mina decidió pegarle fuego. ¿La excusa? Evitar que las tropas francesas de Napoleón se atrincheraran en él.

  • Básicamente, para que el enemigo no te quite la casa, quemas tu propia casa. Una decisión militar "brillante" que dejó el palacio más lujoso de Europa convertido en un esqueleto de piedras ahumadas durante más de un siglo.


3. La Decisión de Restaurar: ¿CONCURSO o "DeDocracia"? (1923 - 1937) Llegamos al meollo de las decisiones administrativas. ¿Quién decide que hay que reconstruir eso?

  • El Comprador: El cliente número 2, en este caso el de la reconstrucción, fue la Diputación Foral de Navarra, que compró las ruinas en 1913. Durante 10 años no supieron muy bien qué hacer con ellas, hasta que decidieron que aquello debía volver a ser un símbolo de la grandeza de Navarra. Se decidió reconstruir el castillo.

  • ¿Hubo concurso?: Sí, lo hubo. En 1923 la Diputación convocó un concurso de proyectos para la restauración. En sentido estricto, no se eligió "a dedo".

  • Los ganadores: Ganaron los hermanos Javier y José Yárnoz Larrosa.

  • El giro burocrático: Aunque el concurso fue en 1923, las obras no empezaron hasta 1937 (con España sumida en la Guerra Civil; lo cual dice mucho sobre ese interés en usar la historia como propaganda política). Además, con el tiempo, Javier Yárnoz —el ganador del concurso— acabó siendo el arquitecto oficial de la "Institución Príncipe de Viana" (entidad fundada para preservar el patrimonio navarro). Es decir, ganó un concurso, sí, pero durante las siguientes décadas se convirtió en el amo y señor del patrimonio navarro.


4. ¿Por qué el castillo de Olite es un "Pastiche"? Desde la perspectiva de la teoría de la restauración moderna, es un desastre metodológico (aunque sea un éxito turístico rotundo).


  • El "Falso Histórico": En arquitectura, la regla número uno de la restauración moderna (dictada en las Cartas de Atenas de 1931 y Venecia de 1964) es que no te puedes inventar lo que falta. Si reconstruyes algo, tiene que notarse qué es lo viejo y qué es lo nuevo. En esta reconstrucción, se saltaron la norma a la torera.

  • El Efecto Disney: Se aplicó un estilo de restauración "romántico". Cogieron las ruinas y decidieron imaginar cómo debían ser las torres. Le plantaron tejados puntiagudos de pizarra negra (buscando esa imagen romántica de castillo Disney) y levantaron muros enteros imitando el estilo gótico antiguo.

  • Pero lo más sangrante para un purista no es solo la imagen: reconstruyeron grandes volúmenes vacíos y forjados utilizando técnicas del siglo XX (hormigón y ladrillo), pero lo forraron de piedra dándole una apariencia exterior del siglo XV. Un auténtico trampantojo. Un decorado de Hollywood.

  • La decisión de la Administración no fue "vamos a conservar nuestro patrimonio"; la decisión fue "vamos a fabricar un edificio medieval, 4 siglos después y usando técnicas actuales, para que la gente alucine". Y lo consiguieron. ¿Está mal que hoy sea el monumento más visitado de Navarra? No. Pero arquitectónicamente, ese edificio al que la gente le hace fotos pensando que es de la Edad Media, se construyó en los años 40 del siglo XX. Pensad que Mies van der Rohe levantó el pabellón de Barcelona en 1929. Diez años antes. Esa es la verdadera pena.



Si acudimos a la web oficial del edificio, esta es la información que proporcionan sobre el incendio y las obras de restauración:

"Lamentablemente, el palacio sufrió un devastador incendio en 1813 y no fue hasta su reconstrucción, a principios del siglo siguiente, cuando se pudo volver a contemplar en todo su esplendor uno de los edificios civiles góticos más importantes de Europa." (¿Edificio civil gótico? Aham...)
"Tanto es así, que en 1925 fue considerado Monumento Nacional." (En 1925 ni siquiera había comenzado la restauración. Por lo tanto, lo que en ese año se declaró Monumento nacional fueron los pedazos de piedra que quedaban de lo que un día fué una joya de la arquitectura civil).

Resumen de los dos clientes:


1. Cliente 1: Carlos III el Noble (Siglo XV) - El Cliente Megalómano

  • ¿Fue un buen cliente? Era un rey con presupuesto ilimitado. Su petición ("problema") no fue "hazme un castillo para defenderme de los enemigos"; su petición fue "hazme el palacio más espectacular de Europa para fardar ante otros reyes". Y los canteros y artesanos de la época lo consiguieron.

  • La decisión: Eso obligó a los arquitectos a tomar decisiones casi imposibles para la época, como construir la famosa Sala de los Murciélagos con esa inmensa bóveda subterránea para sostener, sin que se hundiera el suelo, los jardines colgantes de naranjos y jazmines de la planta superior. Ese capricho del cliente generó una genialidad arquitectónica.


2. Cliente 2: La Administración / Diputación Foral (Años 30 del Siglo XX) - El Cliente Político

  • Y aquí volvemos al pastiche de los hermanos Yárnoz. ¿Toda la culpa de que el castillo parezca de Disney es de los arquitectos? ¡No! Todo nace de la decisión de un cliente (en este caso la Administración) que sabía exactamente lo que quería.

  • ¿Qué quería el cliente en los años 30 y 40? No querían una "consolidación arqueológica de las ruinas". Querían un símbolo de poder, una postal, un emblema que vendiera la gloria del antiguo Reino de Navarra.

  • La decisión: El arquitecto (Yárnoz) le dio al cliente exactamente lo que pedía: una reconstrucción teatral, vistosa y turística. Como cliente, la administración no buscaba rigor histórico, buscaba un escenario, y es ese escenario falso el que ha llegado hasta nuestros días.


El Contraste: Un ejemplo de "Buena Decisión"


Si el Castillo de Olite es el ejemplo de cómo NO se debe reconstruir (inventando partes), el Castillo de Garcimuñoz (en Cuenca) es, para nosotros, uno de los mejores ejemplos de reconstruccion de castillos de los últimos años.


Castillo de Garcimuñoz (Cuenca) - Arquitecta: Izaskun Chinchilla.



  • La situación: Ruinas de un castillo medieval, igual que en el caso de Olite.

  • La decisión correcta: En lugar de inventar torres de piedra falsas, el binomio formado por la administración pública y el estudio de Izaskun Chinchilla decidió "dejar las ruinas en paz". Consolidaron la piedra para que no colapsara y, para dotar al edificio de un nuevo uso, insertaron una estructura metálica, ligera y moderna en su interior.

  • El resultado: Podemos percibir el espacio como un elemento de pasarelas de acero y cristal se hubiera posado suavemente en ese patio con tantisima historia.

  • Por qué es un 10 en arquitectura: Porque es honesto. Entiendes perfectamente qué se construyó en la Edad Media (s. XV) y qué ha construido Izaskun Chinchilla en el siglo XXI. No se engaña al espectador; es una convivencia pacífica entre dos épocas.



 Por todo esto, cuando paseamos por un pueblo o ciudad y vemos un edificio espantoso o una plaza mal diseñada, no hay que mirar siempre al arquitecto. Muchas veces, las preguntas que debemos hacernos son: ¿Quién era o ha sido el cliente de esto? ¿Qué le habrán pedido a los arquitectos? Las malas arquitecturas, casi siempre, suelen ser el resultado de clientes miedosos, sin criterio o que imponen malas decisiones.

 
 
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